Después de computación

Aldo Medina

Marco, un profesor de Computación, trabajaba en una escuela y dirigía la clase del día. Él vivía en Mazatlán, y como es su costumbre, se quedó revisando los trabajos de los alumnos. Cuando llegó al fin a su casa prendió el televisor y se puso a ver las noticias. En esos momentos  estaban informando que en unos 15 días un huracán iba azotar a Mazatlán.

Entonces, el profesor se puso nervioso, empezó a empacar las cosas y las puso en el automóvil.

Pero pasaba algo grave: no tenía gasolina el carro, y la gasolinera más cerca estaba a 20 kilómetros. Para esa distancia no podía caminar y traer de vuelta la gasolina.

Pues se le ocurrió que pondría un anuncio y que un carro lo llevara. Puso en el cartel de que la persona que le ayude también tendrá gasolina, entonces un señor se interesó, pero al recorrer 10 kilómetros irónicamente se les detuvo el carro.

Entonces, el profesor Marco dijo:

-¿Por qué no llamamos a…?

Pero se acordó de que no había Internet. Ya no pasaron más carros y se quedaron en el lugar 3 días y solo faltaban 10 días  para el huracán. A ellos se les hizo qué pasó rápido el tiempo.

De pronto empezaron las lluvias  y no sabían qué hacer.

-¿Por qué no saltamos los carros?, preguntó el conductor que en un principio le estaba haciendo el favor al profesor Marco.

Entonces empezaron a saltar  los carros, pero cuando iban a terminar un loco los vio y los empezó a perseguir.

Entonces Marco se acordó que un profesor de Química le había dado una poción para dormir, entonces le  lanzó la botella y el loco se quedó dormido.

Pero luego, una luz brillante apareció y se llevó al loco, entonces ya sabían que el huracán se acercaba. Fueron rápido a la gasolinera y se llevaron la gasolina, se la pusieron al carro y se fueron.

Estaban a 20 kilómetros de Mazatlán y vieron una ola gigante. Ahí se dieron cuenta que no era un huracán, ¡era un tsunami! por lo que echaron a andar el carro lo más rápido posible, pero el motor no respondía.

-Sigue conduciendo, -le dijo el señor al profesor Marco  y se bajó del carro, lo empujó muy lejos, mientras que se despedía de Marco.

El señor había desaparecido dentro de la ola gigante. El profesor Marco se puso triste, pero sabía que tenía que salvarse de la ola. Entonces aceleró muy rápido y la ola había desaparecido. El profesor se había salvado, pero nunca olvidó a su amigo que le salvó la vida y esperó a que se reconstruyera el colegio donde daba clases porque la ola había destruido todo.

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