El guardián y los ‘tamalitos’

Gabriela Miranda Pedroza

Érase una vez, había 3 perros que vivían en una casa, uno era de raza Cocker Spaniel con edad de 5 años, se llamaba Winnie; él era un perro muy noble con la gente que conocía, pero era algo bravo con gente que no conocía, era como un guardián por las noches, siempre ladraba si escuchaba algo; él era el favorito de la hija de los amos. Todos lo catalogaban como el más bravo, como el peor; de toda la familia de los amos, nadie lo quería.

Otro era Chihuahueño, con edad de 4 años, llamado Hércules; ese era muy tierno, seguía mucho a la hija de los amos, después de un tiempo se volvió algo bravo. Y el último también era Chihuahueño con edad de 3 años llamado Tahua; primero era muy lindo e inocente, después se volvió muy maldito, él era hijo de Hércules. A estos dos les pusieron el apodo de los “tamalitos” ya que estaban muy gordos y literalmente parecían tamales.

Durante todo ese tiempo tuvieron una vida muy feliz y muy alegre junto a sus amos, no había ningún día en el que los amos no sacaran a pasear a los perros, diario se iban al malecón a pasearlos, sus vidas eran demasiado felices.

Tras empezar el año las cosas dieron un giro, la familia no sabía lo que les depararía el destino. La familia hizo un viaje a Guadalajara, el último, aunque ellos no lo sabían, pero la verdad es que lo disfrutaron mucho; al regreso, se dieron cuenta que los perros se habían puesto tristes, no sabían la razón, pero probablemente había sido porque se fueron y los dejaron, esta sería la segunda vez que Winnie se ponía mal porque sus amos lo habían dejado.

Al amo se le ocurrió darles medicamento, ya que él era Doctor. Como veía que el medicamento no les había servido mucho, optó por meterles una sonda, una por el orificio trasero y la otra por la nariz. Después salió que los perros se habían intoxicado, ya que habían comido hierbas, luego de ese momento los perros se sintieron un tanto mejor, sólo les duró unos días la tristeza.

Pasaron dos meses, llegó la graduación de la hija de los amos, el primero de julio, ese día se divirtieron mucho, pero el 4 del mismo mes el amo se empezó sentir mal, nadie sabía lo que era, nadie sabía que lo que estaba por pasar iba a cambiar radicalmente la vida de toda la familia y de los perros mismos.

Al amo le diagnosticaron una enfermedad ciertamente grave, tanto así que tuvieron que recurrir a una cirugía para poder desalojar un área y saber exactamente qué tenía. Después de la operación todo parecía indicar que todo salió bien, pero la familia tenía que discutir el asunto de los perros, ya que la situación era delicada y el amo tenía que tener un extremo cuidado y extrema limpieza, por lo cual optaron que lo mejor era regalar a los perros, por la seguridad del amo y la familia.

Mientras se discutía el paradero de los perros, la familia hablaba de que una vez que el amo se aliviara completamente de la enfermedad, comprarían otro perro de raza Beagle y lo llamarían “Goofy”, debido al amor que la hija tenía al personaje animado de Disney.

Todos sabían que el perro no se iba a comprar a finales de año, pero la hija tenía la ilusión de que se lo iban a comprar lo más antes posible, de hecho la hija ya había planeado todo el itinerario de la nueva vida que iban a tener.

Al momento de querer regalar los perros, a los dos Chihuahuas los eligió una tía de la hija del amo. El “problema” era que se los llevaría a Nayarit. La esposa del amo aceptó, ya que el amo no era participe en las decisiones que se hacían en la casa porque estaba internado en el hospital; entonces se los llevaron.

Esos dos perros eran muy malos con Winnie; no dejaban que comiera, lo amenazaban, lo mordían, le ladraban a todas horas, en fin le hacían la vida imposible al pobre perro. Sus amos lo regañaban ya que no se defendía, pero el indefenso hacía caso omiso.

Winnie por otra parte, no consiguieron a nadie a quién dárselo y la fecha del regreso del amo estaba a la vuelta de la esquina. El día que el amo salió todavía estaba Winnie en la casa y decidieron que una tía de la familia iba a llevárselo.

El amo, alegre de regresar a la casa, lo primero que escuchó fue a su fiel compañero, Winnie. Ambos estaban felices, sin pensar que esa sería la última vez que se verían cara a cara.

Winnie y el amo eran muy unidos aunque a veces el amo se enojaba con él por desobediente, pero aun así tenían una relación muy estrecha.

Pasaron los días, el amo regresó al hospital y desafortunadamente empeoraron las cosas. Todos desconocían qué había pasado con Hércules y Tahua; el amo había dicho que no iban a durar mucho por el trato que les fueran a dar, además que no estaban acostumbrados a tener una vida de perros callejeros, y cada que el amo decía una cosa, se cumplía, tenía voz de profeta.

Winnie aullaba cada vez que el amo se ponía mal, pero no fue hasta el día en que les avisaron que se había puesto muy mal. Desde ese momento el perro no paró de aullar, no se callaba y lo más inquietante era que la familia no sabía qué iba a pasar.

Las horas pasaban y pasaban y todo seguía igual, el amo estaba inconsciente dando sus últimos momentos en esta vida. Llegó la noche y se decidió que lo mejor era quitar el medicamento del cuerpo del amo y esperar a que se llegara el final. Dieron las 11:05 de la noche y el amo empezaba a dar sus últimos y largos suspiros, pero no fue hasta las 11:15 de la noche, ya hacía su cumpleaños en Guadalajara, cuando el amo dio su último y largo suspiro y quedó en un sueño profundo.

La familia llegó a la casa hasta las 3 de la mañana y se encontraron con la sorpresa de que el perro estaba aullando y ladrando con una voz ronca, señas que llevaba todo el día haciendo lo mismo una y otra vez. Cuando decidieron dormirse el perro no paraba de aullar, fueron y lo regañaron y aun así continuaba.

A la mañana siguiente, el día del funeral y el mero día del cumpleaños del amo, el perro nuevamente amaneció ladrando y aullando, Winnie estaba triste, muy triste por la partida de su amado amo.

Pasó el largo y triste, pero a la vez alegre día, y en la noche calló una tormenta; el perro estaba mojado, triste, desconsolado, solo, extrañando sus amos y su casa.

Pasaron los días y Winnie finalmente regresó a su amada casa, ya no estaba tan triste o por lo menos no lo demostraba; pero había una duda que de alguna forma u otra inquietaba al perro y a la familia ¿qué había pasado con los perros?, no se sabía, aunque la familia se había logrado comunicar con los nuevos dueños de los perros y habían dicho que estaban bien, pero de eso ya había pasado un mes y el amo tenía ya dos meses de fallecido.

Cada mes el mismo día, Winnie siempre se ponía triste, se la pasaba aullando todo el día. La familia pensaba que el perro era infeliz, ya que todo le había cambiado, ya no lo paseaban, ya casi no jugaban con él; pero por dentro todos sabían que no era cierto ya que el perro siempre les había sido fiel y leal.

Llegó el tercer mes, y como siempre Winnie se puso triste, ya era noviembre, el Día de Muertos se acercaba, todos se imaginaron que Winnie se iba a alegrar ya que se dice que los perros pueden ver a las personas muertas; la familia empezó a arreglar todo para poner el altar de muertos en el porche de la casa.

Un día antes, la hija del amo le había dicho al perro que su amo iba a venir y que se lo saludara de parte de toda la familia y que le dijera que lo querían y que lo extrañaban mucho, el perro estaba muy atento a todas las palabras que le decía la joven.

Cuando se llegó el día, todos estaban muy contentos por el trabajo que habían hecho, les había quedado precioso el altar, pero obviamente no dejaron que Winnie saliera a verlo por temor a que fuera a tumbar todo.

Cayó la noche y le abrieron la puerta a Winnie para que saliera al porche, no destruyó nada, pero si se acercó lo bastante como para poder arruinar todo, pero no lo hizo. La hija de los amos pensó que su padre le había gritado a Winnie para que no se acercara ya que ninguno de los presentes le dijo algo, no hasta después de que el perro se había movido. Después de ese momento decidieron sacarlo al patio nuevamente, la noche finalizó con una bella plática del amo entre todos; lloraron y rieron contando varias de las anécdotas vividas con él.

Pasaron cuatro días y la noticia de que los tamalitos habían muerto llegó a la familia, la hija del amo fue a platicar con Winnie para decirle la terrible noticia.

Resulta que los perros se habían muerto como dos días después que el amo falleció, y aparentemente lo que les habían dicho de que estaban bien era falso; no le sorprendió tanto la noticia a la hija del amo ya que de alguna forma u otra se iban a morir, pero lo que le sorprendió fue que se hayan muerto días después que el amo; la nueva familia de los perros dijeron que los perros se habían puesto tristes días antes que el amo falleciera, la tristeza les duró por dos días después del suceso y al siguiente día ya no aguantaron y lamentablemente fallecieron; no querían comer, no querían jugar ni caminar ni nada.

La hija no podía creer que no le hayan avisado que los perros habían muerto, eso le dolió mucho; pero al enterarse que los habían incinerado le dio el patatús. A ella no se le había ocurrido la idea de poner a sus perros al lado de las cenizas de su padre pero ahora que ya estaban muertos pensó en eso y le dio coraje, quería llorar porque eran sus perros, pero se le pasó.

Desde ese momento ella dijo: “el día que muera Winnie, se va a incinerar y se pondrán las cenizas junto al lado de mi padre”. Su madre no estaba de acuerdo ya que decía que como iban a poner cenizas de un perro al lado del amo, o sea, no se le hacía lo más lógico.

Un día la familia estaba dialogando sobre el tema de los tamales y el amo, de lo increíble que había sido que el amo había llamado a sus perros para que lo acompañaran en la nueva vida y viaje que iba a emprender; se preguntaron por qué no había llamado a Winnie, pero la respuesta era muy simple: era el perro favorito de su hija, lo era por haber sido el perro que llegó cuando ella ya no quería más mascotas gracias al perro anterior Willy, que saltó de la camioneta cuando iban rumbo a Chametla. Ese día, la niña lloró mucho y dijo que jamás iba a volver a tener perros o cualquier mascota, cosa que un año después las palabras se las llevó el viento, ya que sus papás la sorprendieron cuando llegaron por ella a la escuela con un lindo cachorrito que estaba en una cubeta.

Ella adoraba al perro, estaba tan chiquito, era una preciosura, parecía una bolita de pelos, hasta parecía que no era de verdad.

Entonces, todos se dieron cuenta que el papá no se podía llevar algo que su hija quería mucho y que significaba algo muy importante para ella; él sabía que ella se molestaría mucho con él.

La muerte de sus otros dos perros casi no le dio importancia, sólo en el momento, ella sabía que ellos habían sido muy malditos con Winnie, aunque ella no les deseaba la muerte, porque no podría deseárselo a nadie, pero había habido una época con que Winnie no comía por culpa de los tamales, ya que parecía que lo tenían amenazado y todos le decían que no se dejara pero se dejaba.

En fin, Winnie parecía que había perdido sus ganas de ser perro, ya que ya no estaban sus compañeros, a pesar de todo, ellos eran de gran importancia para él, por lo menos se entretenía con ellos, no estaba solo y ahora sólo se entretenía ladrando y aullando.

Hubo un día que la mamá y la hija decidieron sacar al perro a dar un lindo paseo por la tarde; de camino, el perro no quería caminar, nadie sabía la razón pero el perro no quería, lo tuvieron que cargar, pero después el perro caminó; de regreso decidieron llegar al Oxxo, y la mamá se tuvo que esperar afuera ya que a los perros no se les permitía el paso; definitivamente el perro había cambiado, antes solía ladrarle a cualquier cosa o persona que veía, ahora sólo le gruñó a un perro que se le quiso acercar; el perro definitivamente tenía miedo, estaba temblando.

La mamá trataba de calmarlo pero no podía. La hija salió y se dirigieron rumbo a la casa, decidieron que Winnie caminara y lo hizo, pero cuando ya estaban por llegar a la casa, había un perro que estaba en un porche y empezó a ladrar y Winnie automáticamente se lanzó al piso, en medio de la calle al perro se le ocurrió tirarse al suelo, la mamá y la hija se quedaron impactadas ya que en otros tiempos él se hubiera puesto a ladrarle y hubiera tratado de pelearse con el otro perro, pero esta vez no lo hizo. Sin duda se empezaron a reír; al llegar a la casa empezaron a dialogar sobre lo sucedido y pensaron que lo que había pasado fue porque ya no se siente tan seguro de sí mismo, que a lo mejor los tamales le daban la fuerza o el atrevimiento para poder ser tan machito.

Pasaron los días y finalmente se llegó el último mes del año, uno de los meses más difíciles para todos, incluso para el perro; se llegó la misa y como era de esperarse Winnie se puso muy triste, llegó Navidad y la familia en parte estaba feliz y en otra parte triste, al igual así pasó con Año Nuevo.

Winnie cumplió 6 años ya, era increíble cómo había pasado el tiempo tan rápido, la hija y la mamá recordaron cuando el perro llegó a la casa y se les vino a la mente un recuerdo muy peculiar ya que cuando era un cachorro y apenas tenía 5 o 6 meses de nacido. Entró a la casa y se metió debajo de la cama y empezó a morder una chanclas hasta llegar al punto de romperlas y su amo lo que hizo fue pegarle con esa misma, la hija estaba enojada por lo que había hecho, pero no le gustaba que le pegaran a su perrito.

Ese recuerdo se hizo memorable en la familia, ya que la hija tenía miedo de que le pasara algo al perro porque estaba bebe.

Pasaron los meses, hasta cumplir el año, cada mes el mismo día Winnie se ponía triste; cuando se cumplió el año, Winnie solamente lloraba el mismo día cada año.

Era increíble como pasaba el tiempo tan rápido pero a la vez tan lento; después del año las cosas mejoraron un tanto, ya que la familia ya le prestaba más atención a Winnie, la hija tomaba clases de francés en las tardes y la mamá de inglés, después se iban a caminar las dos junto su adorable perro, recordando los viejos tiempos. Se la pasaban platicando, a veces se encontraban a algunos amigos de la hija, o todos se iban a caminar, se podría decir que la familia lentamente se iba recuperando de la mala racha que había pasado. Duraron con esa estabilidad dos años, al tercer año las cosas volvieron a cambiar.

Con el pasar del tiempo las personas y el perro se iban haciendo más viejos, la mamá de la hija había pensado en comprarle un nuevo perro, pero como ya iba a entrar a la universidad iba a ser imposible para las dos hacerse responsable de ambos perros, así que decidieron quedarse sólo con Winnie y más adelante comprar otro, ya que no era una necesidad.

Al momento en que llegaron las decisiones para saber a qué universidad se iba a ir la joven, también llegaron las inquietudes de cómo iba a vivir, qué movimientos se iban a hacer, la mamá no quería que su hija se fuera sola y la hija no se sentía preparada para vivir ella sola. Ella había tenido sus inquietudes sobre qué quería estudiar y dónde estudiarlo; tenía en mente la Universidad de Guadalajara, algo cerca, no tan lejos y además que era una ciudad no muy grande; también quería irse a la Universidad de California, pero ahí estaba muy lejos y era más difícil.

Aplicó la solicitud para ambas universidades y la aceptaron pero decidió irse a la de Guadalajara. La mamá y la abuela de la joven decidieron que se iban a turnar para ir a visitar a la joven, de igual manera habían decidido llevarle de vez en cuando a su amado perro, Winnie.

Pasaron los años, la hija finalmente se gradúo; en todo el tiempo que ella estuvo en la universidad y no estaba con Winnie no dejaba de preguntar cómo estaba el perro, siempre le decían que bien y era la verdad, pero lo cierto es que el perro se iba deteriorando cada vez más, pero era normal, ya que así es el ciclo de la vida de todos.

Las veces que Winnie estaba en Guadalajara con la hija, se la pasaban de maravilla, a pesar de tener tantos trabajos, diario; por la tarde noche, salían a caminar los dos, a veces iba su mamá, pero a veces le daba flojera. En fin, se la pasaban muy bien, sin importar la hora, los trabajos, la edad o lo que sea, ellos se iban muy felices a dar su paseo.

Al finalizar su carrera, su internado y su servicio social, llegó el momento de tomar la decisión si iba a especializarse en algo y en dónde lo iba a hacer; al igual, no se sabía cuál sería el futuro de Winnie o de alguien siquiera.

Decidió quedarse ahí en Guadalajara y continuar con la misma rutina que tenían, le era un poco difícil seguir así, ya que ella quería regresar a su ciudad natal, pero no era muy posible que digamos, ella quería progresar, así que tenía que aguantarse todo lo que tuviera que venir.

Winnie estaba por cumplir ya 14 años; había sido tan increíble cómo había pasado tan rápido el tiempo, ya eran 14 años que habían estado juntos y habían vivido muchas cosas.

El tiempo se fue volando, la hija ya iba a entrar en su segundo año de especialidad; en un abrir y cerrar de ojos ya estaban a agosto; primero estaba el cumpleaños de la mamá y como era de esperarse lo celebraron de una manera muy linda, no era lo mismo, nunca sería lo mismo, pero trataban que lo diferente que fuera, estuviera estupendo y bonito; la mamá y la hija se pusieron tristes ya que se acordaron del último cumpleaños de ella junto a su esposo, ese día fue triste pero bonito, ya que el mejor regalo que pudo haber recibido era haber estado con su esposo e hija juntos, aunque el esposo haya estado enfermo, pero estaban los tres juntos y en su amada casa. Pero el mal momento pasó y siguieron disfrutando del día, se la pasaron todo el día juntas, y ambas creen que ese fue el mejor regalo, aunque la hija le dio un brazalete con una hermosa y pequeña frase, que al leerla, a la mamá se le salió una lágrima.

Era el mes en el cuál se llegaba el día de llorar un poco y ponerse triste pero a la vez alegre; así es era el aniversario del padre, ya cumplía 9 años de fallecido, pero no se podía olvidar que ese mismo día (en Guadalajara, pero en Mazatlán al día siguiente) era su cumpleaños. Ese día la familia decidió irse a desayunar a un restaurante, luego se fueron a misa, como todos los años, era hacerle una misa; pero en la tarde hacer una gran comida, de esas de las cuales a él le gustaban mucho. El día se fue muy rápido, fue muy bonito y muy alegre, había momentos tristes pero era normal, ya que siempre se le iba a extrañar. Nadie se preocupaba de lo que fuera a pasar en un mes, o seis o tal vez un año… ¿sería ese el último aniversario en el que Winnie, la mamá y la hija celebraran juntos?

Muchas anécdotas vividas, sólo había un suceso que faltaba pero que nadie quería que pasara, Winnie ya estaba viejo, ya iban a ser casi 15 años de vida que tenía ese perro, se veía muy bien, sano, todavía veía, escuchaba y ladraba, pero se sabía que ya estaba viejo y de alguna forma u otra el perro en algún momento colgaría el tenis, igual que su amo.

Llegó el cumpleaños de la hija. Pasaron un adorable día la mamá, Winnie y en la noche, la abuela; la familia de ellas no podía visitarlas, ya que era muy costoso el viaje y carecían de recursos para poder pagarlo, aun así se verían para Navidad y Año Nuevo.

Llegó el Navidad, la familia decidió viajar a su ciudad natal para reunirse con los demás y así lo hicieron, estaban todos juntos e incluso Winnie estaba sentado junto a la silla donde su amo se solía sentar, hubo familiares de la Ciudad de México que fueron para visitarlos, fue una noche muy agradable. El momento un tanto esperado por todos había llegado, fin de año, otro largo año había pasado, pero no por eso significa que había sido malo. Al contrario, ese año lo disfrutaron mucho, ya que la mamá y la hija, y a veces Winnie, se fueron de viaje a varios lugares fuera del país. Ese año fue cuando llevaron a Winnie por primera vez a la Isla de los Cerdos, ya se imaginarán cómo se puso el perrito.

El día de fin de año se había pasado muy rápido, había sido un bonito día y un bonito recuerdo con el que todos se quedaron, pero había que regresar a Guadalajara, ya que todavía se tenían mucho asuntos y especialidades pendientes.

En el cumpleaños de la abuela se fueron a las lindas cabañas de Mazamitla, decidieron llevarse a Winnie y a una tía muy cercana de la familia. Se fueron las cuatro y más aparte el perro, se la pasaron de maravilla ese fin de semana allá.

Entrando febrero, las cosas se complicaron ya que a sólo dos días del cumpleaños número 15 Winnie se puso enfermo, lo llevaron a la veterinaria y había dicho que el pronóstico de vida era muy bajo, debido a la edad que tenía. Un día antes de su cumpleaños Winnie se las vio difícil para sobrevivir el día, hubo un momento en el cuál todos pensaron que ya se iba a morir, no había nada qué hacer, su edad no lo permitía y en algún momento u otro él se iría.

El día del cumpleaños no recibieron noticias sobre el perro, todos pensaron que ya se había muerto y que no les querían hablar por miedo a cómo iba a reaccionar la familia. Al mediodía entra una llamada a la casa, era de la veterinaria, y hablaba para decir que el perro se había establecido y que en uno o dos días más podrían ir a recogerlo.

La noticia las alegró mucho, no habían podido pasar el día juntos, pero el día que les marcaran iban a hacer algo en grande. A los dos días de haber cumplido 15 fueron a recoger a Winnie, iban muy felices, la felicidad se les acabó cuando el veterinario les informó que no le quedaba mucho tiempo y no duraría más de un mes y si llegara a durar dos, sería un milagro, pero no había muchas probabilidades. Sin embargo, la mamá y la hija tenían que estar bien para Winnie y lo llevaron al parque y le compraron nieve.

Desde el momento en el que el doctor les dijo eso, la mamá, la hija y abuela (y toda la familia) decidieron que consentirían más a Winnie y que le iban a decir cuánto lo querían cada vez que pudieran.

Pasó el mes y nada había ocurrido, llegaron las vacaciones de Semana Santa y como la familia se iba a reunir, pues decidieron ir a Mazatlán, su ciudad natal, y ahí pasar unas felices vacaciones.

Durante la estancia ahí, lo llevaban a todos lados, al malecón para recordar los viejos tiempos, a la playa para que pudiera tomar el sol, al Faro para que no se olvidara de la belleza mazatleca, a la Isla de la Piedra para que no se le olvidara que ese era uno de los lugares favoritos de su amo y a dar la vuelta por las noches para recordarle que a su amo le encantaba Mazatlán.

Todo fue perfecto, todos se despidieron de Winnie a la hora de partir y todos lloraron, incluso el mismo perro, fue un momento muy llegador para todos y saben que se recordara para siempre.

Llegando a Guadalajara, había muchos trabajos por hacer, ya que la hija ya iba a terminar su segundo año de especialidad.

Para las vacaciones decidieron hacer un viaje a un lugar al cual no habían ido, y ese era Brasil, fueron y duraron unos días espectaculares, sin embargo tenían que regresar. Regresaron para principios de agosto, pasó nuevamente el cumpleaños de la mamá y fue espectacular.

Ya se iba acercando la fecha del aniversario del amo, pero decidieron ir a Mazatlán por unas cosas que tenían que realizar. Llegaron el 14 en la tarde noche, decidieron ir a estacionarse al malecón; al siguiente día se despertaron temprano y fueron al faro, después a desayunar a un restaurante por la costera, luego fueron a hacer unas compras. Por la tarde fueron a comer, luego de un rato se fueron a caminar al malecón y se sentaron enfrente del mar a observar la puesta del sol, después se fueron a dar la vuelta por todo el malecón, Olas Altas, Paseo del Centenario, los dos cerros, Zona Dorada, Marina y Cerritos. Fueron a dar un magnífico tour.

Todo el día se la pasaron los tres juntos, había sido uno de los días más hermosos que habían pasado. Al llegar a la casa, la mamá le dijo unas lindas palabras a Winnie, le dijo que lo quería mucho, que era un buen perro y que siempre iba a ser su favorito. Entre otras cosas, a Winnie se le salió una lágrima; la hija al igual, le dijo unas bellas palabras a su querido hermano, empezando con un “te quiero mucho, me has dado unos grandes días, no sabes lo agradecida que estoy porque estás aquí conmigo, quisiera que te quedaras para siempre conmigo, no importa dónde estés, siempre te llevaré en mi corazón y el día en el que Dios decida llevarte, será el día en el que finalmente podrás volver a ver a nuestro padre, te pido de favor que si lo llegas a ver, dile que lo amo mucho, que lo extraño mucho y que no hay un día en el que no piense en él; Winnie, desde el momento en el que partas de este mundo te extrañaré mucho, recuerda que te quiero mucho y que jamás te voy a olvidar y siempre serás mi favorito. Te amo”. Con eso, a Winnie se le terminaron por salir las demás lágrimas; la mamá llegó y se dieron los tres un gran abrazo y con eso finalizaron el hermoso día.

Al día siguiente era el aniversario del papá, ese día iban a ir a misa, el 16 de agosto, aunque su cumpleaños era el 17. Cuando todos estaban despiertos, se dieron cuenta que Winnie no se había levantado, fueron a buscarlo y estaba en la cama de su amo, durmiendo su sueño profundo.

La familia no lo podía creer, pero era cierto, su amo había venido el mismo día que se murió para llevarse a su fiel amigo. Ese día, fue el día que se marcó aún más en sus corazones.

Tomaron a Winnie y lo abrazaron, la mamá volteó a ver su brazalete que decía… “Siempre estaremos con ustedes” y se le salieron las lágrimas. En ese instante las dos empezaron a llorar, pero como el mismo brazalete decía, no están solas, siempre estarán acompañadas de Winnie y de su amo.

 

QEPD Mario Pedroza Miranda

(1954-2016)

Este cuento va dedicado con mucho amor para mi papá, que dondequiera que esté sé que me está viendo y sé que mi mamá y yo no estamos solas.

Gabriela Miranda Pedroza Toledo

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