Instrucciones para leer en posición fetal a Alma Delia Murillo

Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.

León Gieco

Recordar la niñez es hacer una lista de todo aquello que te da miedo, lo que te pone nervioso, lo que repugnas. Solamente si me limito a redactar una lista de personas de la niñez, igual y puede salir la categoría de “lo que más quiero” o “lo que me agrada”.

De esta manera, me propongo a hablar de “El niño que fuimos”, una novela de Alma Delia Murillo, una mujer que admiro desde que conocí su obra “Las noches habitadas” y que sigo todos los sábados en su columna que publica en sinembargo.mx.

Alma Delia te comprueba que sigues actuando igual que cuando eras niño. Solo que en la infancia te diviertes o te aterrorizas de forma natural, y ya de adulto lo que te ocurre naturalmente son las enfermedades crónicas por tales sustos o tales experiencias que resultan en carcajadas o en desplantes de furia, como si la pasividad o la euforia fueran la solución a la irremediable realidad.

María, Óscar y Román son tres niños de Primaria que necesitan escapar de donde sea para normalizar la presión sanguínea. En la historia son como un club de inseparables porque saben que ocupan de un sabio, de una loca y un fuerte para destruir los obstáculos, llámense personas, cosas, circunstancias o hechos.

Imagínense su escuela Primaria. De pronto en Primer año comienza a llorar una niña de tal forma que contagia a todos sus compañeros. El llanto de todos los de Primero alerta a los de Segundo y Tercero, pero no se animan a acercarse porque los llantos se convierten en gritos y prefieren repelerse porque creen que se teje una tragedia en Primero. Los de Cuarto y Quinto van por los de Segundo y Tercero a consolarlos, pero lo único que consiguen es hacerlos gritar, se desesperan y también comienzan a llorar, pero consiguen llevárselos a sus salones. Los de Sexto se acercan a ayudar, pero como no tienen tacto lo que consiguen es una pelea campal con los de Quinto. Y así, a la vista de los de Primero, Segundo, Tercero, Cuarto, los de Quinto y Sexto se traman en una lucha de sangre, se escuchan los puñetazos, las patadas y los manotazos, además de los improperios y los dichos populares con tono de sentencias. Así, los de Primero a Cuarto hallan un motivo para llorar. Como las maestras, no saben cómo contener ni los llantos, ni el pleito entre Quinto y Sexto, no les queda de otra. También se ponen a llorar.

Bueno, ese es el poder de la niñez.

Ahora, para ejemplificar el poder del adulto, solo recordemos la historia de Gabriel García Márquez, donde una mamá le daba de desayunar a sus hijos y les “compartía” su presentimiento de que algo grave iba a suceder en ese pueblo. Tal presentimiento se fue viralizando que en efecto sí sucedió algo grave en ese pueblo: todos quemaron sus casas y huyeron.

Viralizar un presentimiento es lo que mismo que le pasó a Román cuando se tomó aquellas selfies tituladas “Brooklyn Suicide”. No solamente fue un pueblo que “interpretó” aquella publicación como una despedida, sino todo el mundo. Y así le fue. Aunque él era el fuerte cuando era niño con María y Óscar,  ahora estaba a la merced de las redes sociales, el ojo de la clarividencia de la humanidad en la actualidad.

Respirar, comer, vengar, fantasear, todos los verbos se disfrutan o se transforman en adrenalina de la niñez, al igual que en la edad adulta, pero en la edad adulta todos esos verbos dañan, al que los lleva a cabo y al que recibe la acción, dañan de tal manera que quitan segundos, minutos, días o hasta meses de vida.

Alma Delia se encarga de hacer platicar a María niña, Román niño y Óscar niño, con María la embarazada y a punto de divorciarse, Román el diseñador de zapatos y Óscar el profesor. En “El niño que fuimos”, los tres personajes hablan de manera natural, son frases cargadas de historia familiar, tal vez de las frases que pocas veces escucharon de sus padres, pero que brotan en un internado y que vuelven a brotar en la edad adulta, 20 años después.

Si leen “El niño que fuimos”, en algún momento de la lectura estarán en posición fetal, por muchas razones. No se pierdan esa oportunidad.

Muchas gracias, Alma Delia.

Un comentario sobre “Instrucciones para leer en posición fetal a Alma Delia Murillo

  • el 1 julio, 2018 a las 1:38 am
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    ¡¡¡Excelente!!!

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