La gran fuga del abuelo

KARELY SARABIA ORTIZ

Había una vez un niño llamado Jack. Él tenía un abuelo que se llamaba Adrien, de quien se supo que había participado en la Segunda Guerra Mundial, y a Jack le encantaba hablar sobre eso y jugar con él, pero lo malo y triste es que el abuelo Adrien tenía una enfermedad que le hacía  olvidar todo, hasta el punto también de que Jack era su nieto.

Pero al pasado él no lo olvidaba. Él creía que estaba en la Segunda Guerra Mundial, que su nieto era su ayudante y que manejaba una avión llamado SPITFIRE, el mejor avión del mundo.

Una noche, los papas de Jack estaban hablando a escondidas de él.

El niño escuchó unas voces, bajó y vio a sus papás hablando de su abuelo.

-Debemos mandarlo a un manicomio, es lo mejor.

-Sí, encontré uno muy bueno y dice que lo van a cuidar muy bien, además es barato. Se llama TORRES TENEBROSAS.

Jack, nervioso y triste, fue llorando a su cuarto.

Al día siguiente, los papás de Jack y él fueron a dejar a su abuelo a TORRES TENEBROSAS. El edificio era un lugar alto, oscuro y feo.

Cuando tocaron el timbre, apareció una señora alta, muy delgada, pálida y con la nariz respingada.

-Los estábamos esperando… en especial a usted señor Adrien, – dijo la señora algo rara.

El abuelo se sentía muy nervioso y él pensaba que estaba en territorio enemigo.

Después de una semana, Jack fue a escondidas a visitar a su abuelo.

-Comandante, ¿qué necesita para escapar de aquí?, le dijo muy al estilo de las operaciones encubiertas.

-Voy a necesitar una cuchara, dijo muy seguro de sí mismo.

Jack se quedó con cara de no entender y prefirió no decir nada.

Al día siguiente, Jack volvió a entrar a escondidas y le dio la cuchara, aún sin comprender, pero preguntó:

-¿Qué va a hacer con la cuchara, señor?

-Cabaré un túnel hasta salir de aquí, pero ahora ocupo que me traigas unos calcetines y lunetas.

-¿Para que abu… señor?

–Aquí nos dan pastillas para dormir y no molestar en todo el día, comeré las lunetas y esconderé las otras en los calcetines, dijo el abuelo Adrien.

Después de 2 semanas, el abuelo estaba esperándolo donde siempre se veían, pero por algún motivo Jack no aparecía. Después de un tiempo, ya era de noche y los guardias darían sus rondines nocturnos, pero tampoco lo hacían, entonces descubrió que estaba SOLO en ese oscuro lugar y que todo había estado en su imaginación, no existía nada de lo que él creía.

Entonces de repente ve una luz intensa en el cielo y… abre los ojos. Estaba en un hospital y una señora joven lo tenía en sus brazos. Sí, Adrien estaba naciendo…

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