‘Rápido, mucho y a costa de lo que sea’

Luis Adrián Ramírez

Cuando el sacerdote jesuita Javo Conde definía el fenómeno de la narcocultura a maestros de Mazatlán no podría haber una síntesis “clara y distinta” que el siguiente: “es hacer rápido, mucho y a costa de lo que sea”.

Es 2018 y puede ser que sea un año que transcurra veloz, y es esta rapidez es un reflejo de lo que pasa en la edad actual de los sapiens. No es necesario hablar de AK-47, ni de R-15, persecuciones o de privaciones ilegales de la libertad, la narcocultura es más un problema de educación desde las instituciones educativas, pero también desde los hogares. No se escapan para nada las instituciones religiosas.

Desde las instituciones educativas

Lograr que los estudiantes tomen conciencia de lo que les compete a su edad puede  ser la tarea prioritaria de los maestros que además tienen la presión de Consejos Técnicos, de las hojas de aciertos y errores y demás cosas que exige el sistema educativo con planes atiborrados de temas.

En cierta ocasión, una maestra reflexionaba y nos invitaba a replantear la frase “pórtate bien” y cuestionaba ¿pero qué significa para ellos el “pórtate bien?, y comenzó a hacer un recuento de las edades donde el ser humano cuestiona más su realidad. Señaló que la primera etapa de cuestionamiento es cuando comienza a preguntar el por qué a todo: sobre si la silla tiene 4 patas y no 3. Luego viene el adolescente que pide razones para hacer lo que su mamá o maestro le pide y obviamente se le tiene que explicar, y para culminar llega la etapa de Universidad.

La maestra afirmó que si el padre de familia nunca le ha explicado claramente el significado de “pórtate bien” a su hijo, por más que se lo pidan y con diferentes métodos, el hijo no se portará bien. Igual. Si el maestro no se lo explica, puede que el estudiante reclame que nunca se lo ha explicado y pida corrección de calificación en conducta.

A falta de significados, las enseñanzas pasan de largo y no se transforman en aprendizaje.

¿Cómo le hacen los docentes para no caer en la narcocultura: rápido, mucho y a costa de lo que sea?

Desde los hogares

‘Tienes que sacar 10 o no hay paseo, iPhone o lo que sea’, podría ser una motivación para que el hijo haga la tarea y se prepare para los exámenes.

‘Ve a las tortillas, pero ya’, otro mandato al estilo narco, pero son mandatos que se escuchan, se interiorizan y se hacen. Lo que también hace que se vuelva un aprendizaje: ¡Ya sé, mamá! Y tal vez ya no sea necesario que le digan “¡pero, ya!

Desde las instituciones religiosas

Imagínense ahora la factura de las instituciones religiosas. No todas. Pero sí de la mayoría: catálogos de pecados, castigos, premios, tribunales santos, homilías, rezos, mandamientos… etc, etc, etc., que terminan formando una imagen de divinidades justicieras, vengativas, sangrientas, chismosas, terroristas, pero que nada que ver con el proceder del Padre del hijo pródigo:

-Divisó “a lo lejos” a su hijo que venía de comer desperdicios que suculentamente llenan a los puercos. Hay que recordar que el hijo despilfarró con la herencia que pidió a su padre.

-Corrió tras él.

-Lo encontró.

-Lo abrazó.

-Lo llevó a casa.

-Le puso huaraches nuevos y ropa.

-Mandó a matar al borrego más gordo e hizo una fiesta.

-Y por si fuera poco, lo defendió del hermano mayor.

Esta es una ruta diferente a la narcocultura que es justiciera, vengativa, sangrienta, chismosa y terrorista, pero que necesita dominar toda esa ficción para no caer en lo rápido, mucho y a costa de lo que sea.

¡Feliz 2018!

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