‘Sigo teniendo mis ventanas abiertas por si sigues allá afuera’

Valeria Ibarra


Exactamente este lunes te fuiste de mi vida y no he podido dejar de llorar desde ese día.

Ni siquiera he podido dormir porque lo único que se viene a mi cabeza eres tú regresando a mis brazos y yo abrazándote otra vez.

Todavía tengo la esperanza de que algún día entres por esa ventana y me maúlles para decirme “mamá, ya llegué”. Tengo la esperanza de que ese gato que enterramos haya sido algún otro y no tú, que estés afuera explorando o de “volado” con alguna gatita, pero tengo que convencerme que ese eras tú y estás en el cielo jugando con mi amado perrito.

Tal vez no hayas estado tanto tiempo con nosotros y te hayas ido rápido, pero no dudes que desde el primer segundo te amé incondicionalmente, apenas este 29 de julio ibas por tus 6 meses, pero te amamos todo este tiempo con el alma.

Mucha gente dice que tener una mascota es una pérdida de tiempo o una carga más. Pero tener una mascota es tener compañía, lealtad y un mejor amigo cuando lo necesitas. Es una máquina de sonrisas y muy buena medicina antidepresiva. Sin embargo todos sabemos que siempre hay un punto final y el ciclo se cumple. Desgraciadamente los animales viven menos que nosotros y lo más triste de tener una mascota, llega: su muerte.

Mi gatito hermoso, no sabes cuánto te necesito, extraño tanto que rasques mi puerta, o tus ronroneos mientras te acurrucabas en mi cuello para abrazarme y dormir, extraño ver tu curiosidad y la fascinación que le tenías a la lluvia o cómo veías una cachora intentado cazarla. Extraño escuchar tu maullido y verte emocionado porque había llegado a la casa. Incluso, no voy a mentir: extraño todas tus mordidas y aruños. Extraño escuchar tus pasos por el pasillo cuando corrías para entrar al cuarto. O cómo nos sorprendías metiéndote a los cajones y alacenas. Extraño poder decirte que te amo y darte todo mi amor.

Me despierto todos los días a servirte comida, pero recuerdo que tú ya no vas a comer ahí, incluso voy al arenero pero recuerdo que ya no tengo que hacerlo, veo tus juguetes y me invade la tristeza de saber que se quedarán intactos tal y como los dejaste, salgo corriendo a cerrar la puerta y me digo a mi misma: él ya no se puede salir.

Llego a la casa y no tengo a nadie que me reciba con esa felicidad que tú me dabas al llegar, sigo teniendo mis ventanas abiertas por si sigues allá afuera y piensas regresar, extraño toda tu curiosidad y verte cazar moscas. Quisiera ir a la cocina y no poder caminar por que tú estás acostado en el piso como el rey que eres o que me sorprendas debajo de la cama o comiéndote las verduras.

Algunos van a decir: “porqué tanto si solo era un gato…”

Porque ese gato me vio reír, me vio llorar, me sacó sonrisas, sustos, me animó cuando estaba triste, me dio su amor, sabía perfectamente cómo me sentía y que necesitaba, me hizo compañía cuando me sentía sola, me demostraba que me amaba con sus ronroneos, fue mi cómplice de travesuras y sobre todo por que era mi vida entera.

Mi “tato”, tu gran curiosidad te llevó fuera de nuestras vidas, pero nunca olvides que dejaste un vacío en nuestros corazones que nadie podrá llenar, pero también nos dejaste hermosos recuerdos.

Esperamos que hayas sido el gato más feliz del mundo y te hayamos podido dar todo el amor que necesitabas.

Si ustedes tienen una mascota no duden en darle todo el amor aunque sea un poquito de su tiempo y decirle todo el amor que le tienen por qué tal vez sea muy tarde y no puedan despedirse de él.

Te amo, Simba, siempre estarás en mi corazón y espero que nos veamos algún día.

Descansa en paz, mi gatito travieso.

Carta escrita por Valeria Ibarra el 26 de julio de 2018.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: